Nirvana

A Cecilia Della Valle

Caminó sobre la arena dura, el mar se revolcaba a gritos, aplastó con los pies fríos la espuma, dejó huellas, el viento de frente traía sal y agua, le despabilaba la cara, le estiraba los pelos, se alegraba de haber conjurado el sol con los nubarrones de su imaginación, no era un día para colores, un día indolente como él, era joven, era triste, estaba perdido, pero sabía a dónde tenía que ir, llegó, se sentó en la arena seca, esperó, al fin apareció, juntó valor, se paró, tenía miedo, se acercó, le habló, le contestó, se sentó en la arena seca de nuevo y recordó cuando un año atrás ella le había dicho: “¿A vos te gusta la música re pesada, no?”.

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