Exterior autopista noche

EXTERIOR.AUTOPISTA-NOCHE

El viejo regresa bordeando la ruta, con el puente a sus es­paldas cuando, sorpresivamente, un auto se detiene sobre la banquina junto a él. El viejo mira con asombro el vehículo, un moderno Mer­cedes Benz de línea clásica, color negro y vidrios polari­zados. Del auto baja un hombre de unos cin­cuenta años, de pelo entrecano y vestido de traje, aunque sin el saco, con las mangas de la camisa arremangadas. El hombre abre el capó sin reparar en la pre­sencia del viejo que lo sigue con la mirada, observa con preocupación el motor y repentinamente se dirige al viejo

CONDUCTOR
-Qué tal…

El viejo responde gestualmente, inclinando levemente la cabeza. El hombre vuelve a mirar preocupado el motor

CONDUCTOR
-¿No escuchó un pajarito?

VIEJO
-No.

El hombre mira con desconfianza al viejo y luego sonríe

CONDUCTOR
-No, como una especie de pajarito…

VIEJO
-No.

El conductor habla reclinado sobre el motor

CONDUCTOR
-¿No escuchó? ¿Vio cuando lo estacioné? Venía haciendo
como un pajarito del lado que estaba usted…

El viejo se acerca y se queda mirando también el sofisti­cado e impecable motor.

CONDUCTOR
-Qué raro…

VIEJO
-¿Un pajarito hacía?

El hombre asiente y luego mira sorprendido al viejo

CONDUCTOR
-¿Qué hace por acá a esta hora? Disculpe que le pregunte ¿No?

El viejo mira al conductor

CONDUCTOR
-Mire que es medio peligroso…

VIEJO
-Si…

CONDUCTOR
-Perdone que me meta…

VIEJO
-No, está bien…

El viejo mira hacia el lugar donde está tirado el perro

VIEJO
-Estoy tratando de ver si ése es el perro de mi nieto…

CONDUCTOR
-¿Cuál?

El viejo se ha quedado mirando al perro y no responde

CONDUCTOR
-¿Ése?

VIEJO
-Sí.

CONDUCTOR
-Uy… Pobrecito… ¿De su nieto es?

VIEJO
-Si, me parece que es ése…

CONDUCTOR
-¿Cómo, no sabe?

VIEJO
-No, no puedo cruzar…

CONDUCTOR
-Sí, si vienen a todo lo que da…

El conductor mira al viejo y luego al perro, se queda pensativo unos segundos y dice

CONDUCTOR
-Si quiere…

El hombre mira la hora en su reloj pulsera, se toma la barbilla y piensa mirando el suelo

CONDUCTOR
-Sí, si hay tiempo… Si quiere lo acerco con el auto.

VIEJO
-Cómo…

CONDUCTOR
-Venga en el asiento de atrás, al lado de la ventana. Pegamos la
vuelta por la rotonda, más adelante…

El viejo estira el cuello, pero sólo se ve el puente

VIEJO
-¿Dónde?

CONDUCTOR
-Y… Está como a siete, ocho kilómetros de acá… Pegamos la vuelta
y retomamos antes del peaje…

Mientras habla, el hombre señala el recorrido

CONDUCTOR
-Pero ojo que hay que ir rápido ¿Eh? No sé si lo va a alcanzar
a ver bien…

INT.AUTO-NOCHE

El viejo mira por la ventanilla del auto, sentado en la parte trasera, justo detrás del asiento del acompañante. El chofer le habla mirándolo en todo momento por el espejo retrovisor.

CONDUCTOR
-¿Y?

VIEJO
-No, falta todavía…

CONDUCTOR
-¡Ya sé, hombre! Le digo el auto… ¿Vio lo que es?

El viejo responde sin demasiado entusiasmo, mirando por la ventana

VIEJO
-Si, lo felicito…

El hombre suelta una carcajada

CONDUCTOR
-¡Já! ¿Qué se piensa, que es mío?

El viejo mira al hombre por el reflejo

CONDUCTOR
-¡Es un remís ésto!

El hombre se ríe moderadamente.

CONDUCTOR
-Igual, le digo que hay que tener años encima para que le tiren
un fierro de éstos… ¿Sabe cuántos años tengo manejando?
Treinta y dos… Empecé en transporte de carga… Después larga
distancia, taxi y desde hace cinco, remís. Nunca colectivo…

El remisero hace una pausa y vuelve a mirar por el espejo

CONDUCTOR
-¿Vio que dicen “nunca taxi”, eh? Nunca colectivo, tendrían
que decir…

El viejo se sonríe

CONDUCTOR
-Siii… Son una plaga. Bueno, le digo que ahora los taxis también, eh…

El conductor señala el gabinete de audio

CONDUCTOR
-Quiere que ponga algo?

VIEJO
-De qué…

CONDUCTOR
-Si quiere que ponga algo de música. ¿Le gusta la música brasileña?

El viejo gira discretamente su cabeza en señal de “no” pero el hombre, embelesado mirando el equipo, no lo llega a ver bien, y vuelve a preguntar

CONDUCTOR
-¿Eh? Este equipo es bárbaro, tiene para diez “compacs”…
Igual no alcanza para poner todos los discos que tengo….
A mí me encanta Brasil… Nunca pude ir igual, pero es bárbaro
¿No? Por ahí este año me hago una escapada…

El remisero extiende su mano derecha y presiona unas teclas que producen unos pitidos. Comienza a sonar un tema de Antonio Carlos Jobim

VIEJO
-¿Falta mucho?

CONDUCTOR
-No ahora en la próxima curva salimos…

El viejo observa la nuca del conductor

VIEJO
-¿No le molesta hablar así?

CONDUCTOR
-¿Así, cómo?

VIEJO
-De espalda…

CONDUCTOR
-Nooo… ¿Cómo me va a molestar…? No le digo: treinta y dos años
llevo manejando. Si quiere bajo la música… Estoy acostumbrado también.

VIEJO
-Bueno.

CONDUCTOR
-No hay problema…

El hombre apaga el equipo. El viejo se sorprende e intenta recomponer la situación

VIEJO
-Perdone, no le quise decir que apague…

CONDUCTOR
-No, está bien…

El hombre hace una pausa que incomoda aún más al viejo

CONDUCTOR
-Mire, ahora estaba yendo para Ezeiza, al aeropuerto, vio cuando
frené allá en la banquina, que estaba usted…

VIEJO
-Si…

CONDUCTOR
-Bueno, estaba yendo al aeropuerto a buscar a unos diplomáticos
suizos… Creo que suizos son, no sé, después me tengo que fijar bien.
Porque esta empresa trabaja mucho con diplomáticos, vio… Bueno,
¿Usted se cree que yo puedo poner música con esta gente? ¡A patadas
me rajan! Usted suponga que justo no les gusta lo que pongo…
Otra cosa es cuando voy solo, ahí sí escucho…

El viejo lo interrumpe

VIEJO
-¿No es acá?

El auto gira bruscamente

CONDUCTOR
-¡Uy, sí! ¡Casi me paso!

El auto recorre una curva bastante prolongada, sube por un puente que cruza la autopista y vuelve a bajar por la senda de regreso. El conductor retoma su parlamento sonriendo

CONDUCTOR
-¡Casi me paso! Por darle tanto a la…

El hombre hace el gesto de hablar, con su dedo índice haciendo pequeños círculos frente a su boca. El viejo mira por la ventanilla. Por unos instantes se hace silencio.

CONDUCTOR
-¿Qué le pasó al perro?

El viejo tarda bastante en contestar, agotado.

VIEJO
-Dejé la puerta abierta del departamento… y… el perro se escapó.

CONDUCTOR
-¿Y cómo sabe que vino para acá?

VIEJO
-Porque una vez ya se había escapado y lo encontró una pareja
que venía de Ezeiza…

CONDUCTOR
-¿Y si agarró para otro lado? Por ahí está perdiendo el tiempo…

VIEJO
-No creo…

CONDUCTOR
-Bueno, ojalá esté perdiendo el tiempo ¿No?

VIEJO
-¿Por qué?

CONDUCTOR
-¡Cómo “por qué”! Mejor que ya lo hayan encontrado en otra parte…
Porque si vino para acá, pobre, va a terminar como aquél, si es que
no es… ¿De su sobrino me dijo que era?

VIEJO
-De mi nieto…

CONDUCTOR
-Ah, de su nieto, si… ¿Tiene nombre? ¡El perro, eh! Ja, ja…

El viejo no le sigue la broma y contesta taciturno, en voz baja

VIEJO
-El Enzo.

El hombre trata de sostener el tono jocoso

CONDUCTOR
-¿Francescoli?

El viejo responde aún más lúgubre

VIEJO
-Sí.

El conductor se pone serio. Hace una pausa, tiempo en el cual mira los alrededores tragados por la noche, mientras conduce por la ruta solitaria

CONDUCTOR
-¿Por dónde vive? ¿Cerca del peaje?

VIEJO
-Más o menos, un poco más atrás.

CONDUCTOR
-Hacia capital…

VIEJO
-Sí. No conocía el peaje… de cerca…

CONDUCTOR
-¿Ah, no?

CONDUCTOR
-¿Con su nieto vive?

VIEJO
-Sí, y mi hijo menor…

CONDUCTOR
-Debe ser grande ya…

VIEJO
-Cuarenta y cuatro tiene.

CONDUCTOR
-¿Cómo? ¿Usted cuánto tiene?

VIEJO
-Setenta.

CONDUCTOR
-¡Ah, no! ¡Su nieto, le preguntaba!

VIEJO
-Ah. Creo que diez…

CONDUCTOR
-Claro, sino no podía ser… ¿No se acuerda bien la edad?

El viejo se queda mirando hacia abajo sin responder

CONDUCTOR
-Le preguntaba por si era chiquito, vio que sufren más estas cosas…

El hombre frunce el ceño

CONDUCTOR
-Por casualidad, no… ¿Usted vive ahí en los monoblock verdes?
Esos que son como cinco, pasando el peaje…

VIEJO
-Sí…

CONDUCTOR
-Esos que dan justo a la autopista y hay unos baldíos por ahí…

VIEJO
-Sí, ¿Por qué?

CONDUCTOR
-Uhh… Todo esto que hablamos, me hizo acordar lo que pasó ahí
hace poco con ese pibito que encontró un revólver… Salió en todos
lados, usted se debe acordar mejor que yo…

VIEJO
-No, no sé…

CONDUCTOR
-Sí, sí, fue hará dos, tres años… Fue donde vive usted… Igual yo
me enteré por otro lado, porque después lo que sale es cualquier
cosa. ¿Se acuerda?

VIEJO
-No… creo que no…

El conductor parece sentirse satisfecho de poder contar su historia

CONDUCTOR
-Resulta que este chico, de la edad de su nieto… más o menos,
sale de la escuela, como todos los días y en vez de volverse para
la casa se va jugar por ahí, a los descampados. El chico vivía solo
con la madre que, pobre, a esa hora tenía que trabajar y no estuvo
cuando el chico volvió de la escuela… Cuestión que entre toda la
basura que dejan tirada, encuentra un revólver… ¿De dónde salió?
No se sabe. Por algún lado salió que era un arma reglamentaria de
un policía que habían matado, pero no le puedo decir si era o no,
la cosa es que un pibe encuentra un revólver a plena luz del día,
lo agarra, se lo guarda en el bolso, la mochila o que se yo lo que
usan los pibes, y nadie hace nada…
¿Me entiende lo que le digo?, no hay ningún mayor ahí para
sacarseló…

El conductor deja por un momento el relato, sobreactuando un poco la indignación.

[INSERT: La imagen muestra al chico del relato sosteniendo un revólver en medio de un terreno baldío. El niño abre el tambor y se puede ver que está cargado de balas]

CONDUCTOR
-El chico vuelve a la casa y se pone a jugar con el revólver…

CONDUCTOR
Hace que dispara, pero sin gatillar, como juegan los chicos…

[INSERT: El chico camina por un pasillo oscuro de un edificio, similar al de la secuencia 1, saca de un bolsillo un juego de llaves, abre los cuatro cerrojos de la puerta y entra a un modesto departamento.]

CONDUCTOR
-Suena el teléfono: la madre. Vio cómo son las viejas, como no
puede estar lo llama por teléfono. El pibe se aburre y prende el
televisor, o por ahí antes lo había prendido, no importa, la cosa
es que el pibe se pone a jugar con el revólver mientras habla…

[INSERT: El chico sostiene en una mano el tubo del teléfono viejo y en la otra el revólver. El niño habla poco, más bien escucha mirando en todo momento las imágenes de un asalto que reproduce el televisor. La punta del revólver va y viene sobre el cable enrulado del teléfono.]

CONDUCTOR
-El pibe corta… Y se le escapa un tiro…

El conductor se queda mirando al viejo por el espejo, esperando alguna respuesta

[INSERT: Detalle del tubo del teléfono apoyándose sobre el aparato. Súbitamente se oye un estruendo de arma y el chico sale despedido hacia atrás.]

CONDUCTOR
-¿Puede creer? Apenas termina de hablar con la mamá, se escapa
un tiro… Así, eh, pim, pum… Con tanta mala leche, pobre pibe,
que la bala pega directo en el televisor y lo hace mierda…

[INSERT: Un balazo pega en el centro de la pantalla del televisor, haciendo estallar el vidrio y el plástico de la parte trasera, por donde sale la bala]

CONDUCTOR
-Imagínese usted lo que es para una de estas mujeres que
trabajan por horas y tienen que mantener la casa y un pibe…
Imagínese lo que le habrá costado comprar un televisor nuevo,
para que el hijo pueda ver el fútbol, los dibujitos, todo eso…
Y el otro va y lo hace mierda… El nene no sabía dónde meterse…

[INSERT: El chico mira con los ojos llenos de lágrimas el televisor destrozado]

CONDUCTOR
-Entonces ¿Sabe lo que se le ocurre? Estos pibes de ahora sacan
estas cosas de la tele… ¿Sabe lo que hizo?

[INSERT: El chico mira a su alrededor: está todo revuelto: la ropa, papeles y adornos rotos tirados por el piso de todo el departamento, cajones sacados de su lugar y, en medio del destrozo, el televisor agujereado de un balazo]

CONDUCTOR
-Hace como que entraron chorros… ¿Entiende?

VIEJO
-¿Cómo?

CONDUCTOR
-¡Claro! Agarra y revuelve toda la casa: saca los cajones, la ropa,
los papeles, todo… ¿Me entiende? Como si hubieran entrado a afanar…
Entonces agarra la guita y las pocas cosas de valor que tenía la vieja
y se escapa… Y además la hace bien porque se aviva y deja la puerta
de entrada abierta…

El viejo se queda de una pieza

[INSERT: La puerta de entrada en­treabierta del departamento del viejo. Luego se ve al chico del relato que corre por el pasillo del edificio, aleján­dose]

CONDUCTOR
-En realidad eso fue lo peor que pudo hacer… Le digo: si no
hubiera dejado la puerta abierta, todo lo que le conté hasta ahora,
no se enteraba nadie porque no hubiera pasado nada después…
¡Por acá hay que agarrar!

El auto dobla hacia la derecha por una salida y retoma nuevamente por la senda hacia el aeropuerto. El viejo se ha quedado pensativo y cabizbajo

CONDUCTOR
-Prepárese porque ya viene, eh…

El viejo reacciona tarde: trabajosamente se recuesta sobre la ventanilla izquierda. El perro pasa como un centelleo

CONDUCTOR
-¿Y? ¿Lo vio?

VIEJO
-Más o menos…

CONDUCTOR
-¡Cómo! ¿Era ése o no?

VIEJO
-No sé…

CONDUCTOR
-Pero, ¿Lo vio o no lo vio?

El viejo contesta abatido

VIEJO
-No sé, pasó muy rápido…

CONDUCTOR
-Y, le dije… Si bajo la velocidad nos pasan por arriba, acá
no se puede…

El conductor mira por el espejo de la puerta y ve al perro tirado, que se va alejando; luego al viejo, que se quedó mirando hacia atrás pegado a la ventanilla. Piensa unos se­gundos y observa el reloj digital del tablero del auto que marca las tres y diecisiete.

CONDUCTOR
-Bueno, vamos a pasar de nuevo…

VIEJO
-¿Puede?

CONDUCTOR
-Sí. Pero mire que a las cuatro tengo que estar en Ezeiza, eh…

El viejo esboza una sonrisa

CONDUCTOR
-Voy a ver si puedo pasar más despacio.

VIEJO
-¿Que pasó después con el chico?

El hombre mira al viejo por el espejo.

[INSERT: Un cielo es­trellado en el que conviven la noche y los últimos esterto­res de luz diurna. El niño del relato camina entre la basura de un terreno baldío. A sus espaldas se levantan las torres pintadas de un verde gastado. El chico encuentra un pozo pequeño donde esconde el revólver, un par de collares y una cajita de felpa azul junto con un fajo no muy grueso de bi­lletes. Tapa el pozo con una chapa oxidada a la que cubre de basura y se va corriendo. Es de noche. Al lle­gar al edificio donde vive, observa que hay dos patrulleros en la puerta y algunas personas hablando con los policías. El chico contiene la alegría y se encamina hacia el edifi­cio. Atraviesa el amplio y lúgubre hall de entrada y se mete a un estrecho ascensor. Sube unos cuantos pisos y llega hasta el trece. El chico sale del ascensor. En el pa­sillo hay mucho movimiento: policías que interrogan a los vecinos, algunos de ellos miran al niño con angustia y otros con compasión; dos enfermeros de verde, uno anota en un cua­derno lo que el otro le dicta. El chico atraviesa el corre­dor y llega hasta su departamento. La puerta está abierta. A pocos pasos del televisor yace una mujer, cubierta impro­visadamente con un mantel a cuadros. El mantel no alcanza a tapar ni las piernas ni los brazos, ni el oscuro charco de sangre que avanza por debajo.]

CONDUCTOR
-Deja la puerta abierta un minuto y se le meten… No me diga que
no se acuerda, pasó en su edificio…

VIEJO
-No entiendo cómo puede pasar algo así…

CONDUCTOR
-Y usted ni se enteró ¿Vio? Piense todo lo que pasa… Además
puede ser por segundos nada más, porque imagínese que la mamá
llega más tarde… Por el tráfico, o no llegó a tomar el colectivo, o
tuvo que quedarse más tiempo en el trabajo… No, llega justo cuando
están adentro… Usted me había dicho que dejó la puerta abierta,
tenga cuidado…

Se produce un intenso silencio. El conductor fija su mirada en la ruta. El viejo mira hacia la derecha. A unos veinte metros de la autopista se extiende una zona boscosa. Entre los árboles, se alcanza a distinguir la silueta de un perro que merodea olisqueando el pasto

VIEJO
-¡A ver ahí!

CONDUCTOR
-¡Qué!

VIEJO
-¡Pare!

El auto se tira hacia la derecha y empieza a disminuir la velocidad

CONDUCTOR
-¡Qué pasa!

VIEJO
-Vi un perro por ahí…

CONDUCTOR
-¿Otro?

VIEJO
-Sí, andaba entre los árboles…

El auto se detiene sobre la banquina

CONDUCTOR
-¿Qué va a hacer?

Al viejo le ha vuelto la vida al rostro

VIEJO
-Lo voy a buscar.

CONDUCTOR
-¿Y si era el otro?

VIEJO
-No se va a ir a ningún lado…

CONDUCTOR
-Mire que después no lo voy a poder llevar ¿Eh?

VIEJO
-Está bien, no se preocupe. Gracias.

El viejo abre la puerta del auto y se baja. Desde afuera saluda con la mano. El auto arranca dejando atrás al viejo.

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