Audiovisual

El cine y las artes audiovisuales son mi profesión, el oficio en el que me formé tanto en la teoría como en la praxis. Arrancó como muy pocos tienen la suerte de comenzar con su primer trabajo: con un premio internacional ganado a los 19 años, el premio a Mejor Guion de Cine en la Primera Bienal Iberoamericana de Arte Joven, Buenos Aires, 1989. Al año siguiente aprobé el populoso y exigente examen de ingreso a la ENERC (en aquel entonces todavía llamada CERC), la escuela de cine del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, de la que egresé como Director de Fotografía.

A lo largo de una carrera de más de 35 años, incursioné en casi todos los formatos audiovisuales, ganando premios nacionales e internacionales, en la mayoría de los casos con producciones independientes, verdaderos emprendimientos audiovisuales que me tuvieron como fundador. Hice un largometraje, dos cortos casi mediometrajes, dirigí durante un año un programa de televisión, hice más de 30 videoclips, trabajé en pilotos para TV, series, cortometrajes, backstage de rodajes, publicidad, institucionales, sociales, tanto como director como director de fotografía, cámara y eléctrico, en muchos casos combinando esos roles, fui autor y co-autor de la mayoría de los guiones de esas producciones.

Mi mayor mérito como cineasta y audiovisualista es haber hecho Stephanie. Stephanie es una de las primeras películas filmadas en alta definición profesional (1920×1080) en Argentina y Latinoamérica. Producida de modo independiente por Fernando Baserga, sin fondos oficiales, ni de canales de TV, ni apoyo de fundaciones o festivales locales o internacionales, fue rodada en sólo ocho días en locaciones reales de la ciudad de Buenos Aires, a fines de 2004. El 22 de diciembre de 2011, se estrenó en exclusiva en el sitio de películas Cuevana y en la web de la película, transformándose en el primer largometraje de habla hispana en estrenarse para streaming en alta definición. Ganadora del Premio al Mejor Director en el Festival Internacional de Cine y Video Independiente de Nueva York, Competencia Internacional, 2005.

La idea central de Stephanie fue, en un principio, un simple hallazgo formal: darle un giro copernicano al relato en off, ilustrándolo no desde el punto de vista de quien relata, sino del de cada uno de los personajes que lo escuchan (los cuatro restantes jugadores de una partida de póker), de modo tal que en ese montaje de “imaginaciones” permanecería sólo inalterable la imagen del narrador (personificado por un solo actor, papel que haría finalmente Antonio Birabent) y variarían -ligeramente- los ambientes y los personajes que interactúan con él en su historia (de ahí que el personaje que da título a la película es interpretado por cuatro actrices). De esta manera Stephanie se inscribe, desde un borde borroso entre el thriller psicológico y el drama, en ese territorio tan especial del cine que investiga e innova en el punto de vista, liderado por títulos paradigmáticos como Rashomon (Akira Kurosawa, 1950), L’Année dernière à Marienbad (Alain Resnais, 1961), Elisa, vida mía (Carlos Saura, 1977), The Limey (Steven Soderbergh, 1999) y la piedra angular de esta corriente (y del cine en general) del año 1941, que un pudor razonable impide mencionar.

Diario de postproducción de Stephanie

 

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